


El mapa de la migración infantil en América Latina se transforma ante el surgimiento de nuevas rutas y riesgos, que incluyen dificultades para acceder a educación y salud en México y una creciente “migración inversa” debido al endurecimiento de las restricciones para llegar a Estados Unidos.
Cada vez más familias y menores recorren trayectos de retorno que no siempre terminan en sus comunidades de origen, lo que los expone a separación familiar y redes de trata, en medio de un debilitamiento de las instituciones que les brindan acompañamiento.
Ivanna Paola Herrán Ballesteros, coordinadora regional de movilidad humana de Ayuda en Acción, advierte que la reducción del financiamiento y el endurecimiento de las políticas migratorias están favoreciendo el fortalecimiento de las redes de trata y del crimen organizado.
Según el estudio Infancia y movilidad humana, publicado en 2025 por Ayuda en Acción y el Instituto Interamericano del Niño, la Niña y Adolescentes de la OEA, los menores en movilidad pasaron de 29,000 en 2021 a 140,000 entre 2023 y el primer semestre de 2024.
Herrán señala que, de repetirse el estudio en 2026, incorporaría la categoría de “migrantes inversos”, ante el aumento de los fenómenos de retorno observados en los últimos meses.
México, que ahora también se ha convertido en un país de destino, enfrenta dificultades para la inserción escolar de menores que llegan sin documentos. Tania Rodríguez Zafra, directora de Ayuda en Acción México, explicó que estos trámites pueden retrasar hasta un año o más el ingreso a las escuelas, aunque el acompañamiento de organizaciones puede reducir ese tiempo.